Felicidad y dinero

lunes, 21 de septiembre de 2009

Una de los debates que habitualmente surgen cuando se menciona la mágica palabra felicidad, es el de vincular está al nivel social, o hablando en plata, al diabólico dinero.
Dicen que en un país pobre, un incremento perceptible de la renta per cápita ayuda mucho a que la felicidad aumente, dado que puesto que la gente tiene amigos, una vida social intensa (es complicado tener otro hobby que no sea este), lo que les falta por cubrir son sus necesidades básicas, luego con más dinero obtienen más felicidad.
Pero en un país rico, esa misma ecuación no funciona, más dinero no implica necesariamente felicidad. Por poner un ejemplo, España ha incrementado su riqueza, en los últimos 30 años, pero la felicidad de sus gentes no ha ido en paralelo.
En un reciente estudio, la afamada London School of Economics, determinó que el país más feliz del “mundo mundial” es Bangladesh, pese a que el 50% de sus habitantes vive por debajo del límite de pobreza. ¿no te ha sorprendido este dato?
Por su parte los señoritos de Harvard realizaron una investigación para determinar que ¡¡¡el dinero compra la felicidad!!! ¡¡Increíble!!! Sí, pero lo más revelador de este informe es que no importa cuánto dinero tengamos sino como lo gastemos. Determinaron que los más felices no eran los más ricos, sino los que gastaban un mayor porcentaje de su riqueza en ayudar a los demás, en mejorar el bienestar de otros seres humanos.
Desde este punto de vista una persona que aporta a obras de caridad, ONGS, etc. un buen porcentaje de sus ingresos obtendrá una mayor satisfacción o felicidad de su inversión, que un millonario que gaste una mínima porción de su patrimonio.
Parece ser, según estos estudios, que la felicidad no necesita de mucho dinero para aparecer en tu vida, y que se encuentra estrechamente vinculada a compartir nuestro dinero con los demás, en ayudar a los más necesitados de una u otra forma.
Si nosotros mismos intentamos recordar nuestros momentos más felices, seguramente llenaremos nuestra mente de momentos con amigos, con nuestros seres queridos, viviendo experiencias… es decir siendo, compartiendo… no teniendo.
Nuestra visión del mundo, nuestra forma de relacionarnos con los demás, depende de la importancia que le damos al dinero, el puesto que ocupa en nuestras prioridades, la forma en la que determina nuestra cesta de valores.
Estos momentos de crisis que estamos viviendo, sobre todo en los países occidentales, pueden suponer una oportunidad para reubicar la posición del dinero dentro de nuestra propia escala de valores, dado que es ahora cuando nuestra relación con el está cambiando sustancialmente cuando posiblemente lo valoremos en su justo valor ¡aprovechemoslo!
Existe un gran problema cuando el vil metal se convierte en el propietario de nuestra felicidad, pues esa relación siempre acaba terminando en un mismo puerto, la tristeza, el desasosiego…
Permíteme que te haga una pregunta: ¿Eres tú el que posees el dinero o el dinero te posee a ti? ¡No no me contestes! Pero respóndete a ti mismo y recapacita, por favor… piensa en ti, ¡tu felicidad depende en gran parte de este aspecto!
Recuerda en definitiva, que somos felices cuando somos, que no cuando tenemos, y que el dinero no da la felicidad, pero creo que estarás de acuerdo conmigo que ¡calma los nervios…!
¡Se Feliz!

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