Ponte en su piel... (¡Y dejemos de criticar!)

jueves, 5 de agosto de 2010


El deporte nacional de este país, y me atrevería decir que el de todos,  - ¿qué opinan mis amigos y amigas del otro lado del charco? - es la crítica… Todos caemos en ella, y el que esté libre de pecado ¡que tire la primera piedra!... Criticamos todo, y cuando hemos criticado todo, lo seguimos haciendo, hasta saciar nuestro insaciable apetito.

Criticamos a vecinos, familiares, padres, hijos, compañeros de trabajo, jefes, desconocidos… y sobre cualquier aspecto, desde su forma de vestir, de sonreír, de vivir…

En casi todos los casos lo hacemos a espaldas de la víctima, sin darnos cuenta que cuando nos damos nosotros la vuelta somos nosotros los “cazados”… ¿O si lo sabemos?

 Y a mí todo esto, me da una tristeza tremenda...

Son nuestros instintos más primitivos son los que nos hacen protegernos usando como defensa el ataque en forma de crítica… quizás para ocultar nuestros errores ¿para desviar la atención? Como decía mi padre, “Vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro”

Y yo me pregunto ¿criticar te hace más feliz? No, ¿verdad? ¿Pues porque no dejamos de hacerlo?

Cuando criticamos, y por crítica en este caso solo contemplo la que resta, es decir la negativa y no la que ayuda, la que aporta, la positiva, casi nunca tenemos en nuestro poder todos los elementos necesarios para hacerla… siempre habrá problemas que no veamos, y otros que ni siquiera seríamos capaces de adivinar, luego nuestra opinión será casi siempre carente de validez.

Cuando un jefe critica de alguna forma a un miembro de su equipo ¿tiene toda la información? ¿Sabe con exactitud todo lo que realiza en su horario laboral el empleado? ¿Conoce las sensaciones que le invaden? ¿Sus miedos? ¿Sus amenazas? ¿Sus motivaciones? ¿Y los problemas que deja en casa? Es imposible saberlo… quizás debería este en convertirse en la sombra del afectado para poder aproximarse lo más posible al interior de esa persona, y aún así siempre estará a años luz de llegar al epicentro del problema.

Quizás si desde que somos pequeños, en la escuela y en casa, se nos enseñara a ponernos en la piel del otro, analizando situaciones, sensaciones y sentimientos del que tenemos enfrente, podríamos ir desterrando de nuestra sociedad esa perniciosa crítica, que se acaba convirtiendo en un hábito con tanto arraigo en nuestro ser como el reír o el comer, pero que puede provocar más daño en la vida del afectado que alguna enfermedad.

Debemos ir dejando el “lado oscuro” y dedicarnos a construir, a aportar, a sumar… ¿es tan difícil? La única manera de evolucionar como personas, como seres de éxito feliz, es la de salirnos de la autopista de la crítica, la más cómoda para nosotros y empezar a conducir por esa carretera más sinuosa que es la de aportar, dar cariño, apoyo y confianza a esos con los que diferimos en su forma de hacer o vivir… además ¿es que somos mejores unos que otros? Con sinceridad, creo que solo somos distintos ¡afortunadamente!

En nuestro caminar hacia el éxito, la crítica nos hace perder velocidad de crucero, nos distrae, no nos permite focalizarnos en lo importe (te recomiendo la lectura de un post anterior Focalizar)

Recuerda siempre esta frase, ¡tatúatela!, “no juzgues a alguien hasta que hayas andado un kilometro con sus zapatos”, por lo que te propongo que antes de criticar nos lo pensemos un par de veces ¿lo intentamos?

¡Que tengas un maravilloso día!

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